miércoles, 3 de septiembre de 2014

Crisis económica contribuye con aumento de la obesidad

En los países de la OCDE, que son los más desarrollados, el 18 por ciento de los adultos son obesos.

 
Estados Unidos y México son los países con mayor población obesa entre el grupo de la OCDE.
Foto: EFE
Estados Unidos y México son los países con mayor población obesa entre el grupo de la OCDE.
Según un estudio de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), la crisis ha contribuido al aumento de la obesidad en los últimos años, porque las familias con pocos recursos tienden a sustituir alimentos como frutas y verduras por otros con más calorías.
Dentro de Europa, esas pautas de comportamiento que favorecen el sobrepeso se constatan especialmente en España, Italia, Grecia, Portugal, Irlanda y Eslovenia, dijo Michele Cecchini, uno de los autores del estudio.
Según los datos más recientes (que corresponden al 2012 o 2011, según los países), en los últimos cinco años el porcentaje de obesos ha seguido creciendo, pero a un ritmo menor que en el periodo precedente. En general, el 18 por ciento de la población adulta de este grupo de países es obesa.
Esos porcentajes se han estabilizado en Inglaterra, Italia, Corea o Estados Unidos, mientras que avanzaron entre dos y tres puntos porcentuales en Australia, Canadá, Francia, México, España y Suiza.
La tasa de obesidad media en la OCDE era del 15 por ciento en el 2012 y por encima estaba entre otras la de España (16,6 por ciento), pero sobre todo las de Australia (21,3 por ciento) y Estados Unidos (28,3 por ciento).
Además, uno de cada cinco niños tiene sobrepeso en este grupo de países. En Grecia, Italia, Eslovenia y Estados Unidos esta estadística es, incluso, más alta.
México se encuentra en ese extremo, con un 32 por ciento de obesos entre la población adulta, la segunda cifra más elevada de los 34 países miembros, solo por detrás de Estados Unidos (36,5 por ciento).
Sobre todo, es el que presenta el mayor nivel de población con sobrepeso (más del 70 por ciento, prácticamente diez puntos porcentuales más que en Estados Unidos).
En el otro extremo, los países menos afectados por este problema son Corea del Sur (2,1 por ciento de obesos sobre el conjunto de la población), Suiza (8,1 por ciento) e Italia (10 por ciento). De igual manera se mantienen por debajo de la media Francia (12,9 por ciento) e incluso Alemania (14,7 por ciento).
El conocido como el "club de los países desarrollados" recordó que "las consecuencias sociales y económicas de esta epidemia son dramáticas, ya que exponen a un creciente número de personas a enfermedades crónicas como la diabetes, las del corazón y el cáncer".

Murió mexicano que fue el hombre más gordo del mundo

Manuel Uribe llegó a pesar 560 kilos. Había sido hospitalizado por una arritmia cardiaca.

 
Manuel Uribe llegó a ser el hombre más gordo del mundo cuando pesaba 560 kilogramos.
Foto: Archivo particular
Manuel Uribe llegó a ser el hombre más gordo del mundo cuando pesaba 560 kilogramos.
El mexicano Manuel Uribe, considerado el hombre más obeso del mundo en 2007 por el Guiness World Records al pesar 560 kilos, falleció este lunes a los 48 años, informaron fuentes médicas.
"Las causas preliminares de la muerte son una arritmia cardíaca y una descompensación por pérdida de líquido en las piernas", dijo una fuente del Hospital Universitario de Monterrey.
Manuel nació el 11 de junio de 1965 en Monterrey, Nuevo León.
Uribe, que había logrado bajar de peso hasta sus 394 kilos actuales, ingresó el 2 de mayo en el centro médico, donde llegó trasladado por una grúa del departamento de Protección Civil desde su municipio de San Nicolás de los Garza, cercano a Monterrey.
Luego de ganar fama con el récord Guiness, el mexicano se sometió a una rigurosa dieta y llegó a perder más de 230 kilos.
Manuel Uribe, creo una fundación que lleva su nombre.
En 2008, y tras ocho años sin poder movilizarse, Uribe contrajo matrimonio en una boda civil a la que también llegó en grúa y cuyos derechos de transmisión fueron vendidos en exclusiva a una cadena estadounidense. (Vea también: Así fue el traslado del cuerpo de Manuel Uribe del hospital a un crematorio)
Ese mismo año también falleció José Luis Garza, uno de los hombres más obesos del mundo, que en ese momento pesaba 450 kilos.
Garza también vivía en el estado de Nuevo León y tenía 47 años.
La obesidad es uno de los principales problemas de salud en México. Según cifras oficiales, un 70% de los adultos y un 30% de los niños padecen sobrepeso u obesidad, superando en ese punto incluso los índices de Estados Unidos.

Dormir con mucha luz puede aumentar el riesgo de obesidad

Estudio halló en 113.000 mujeres que descansaban en estas condiciones un aumentó de masa corporal.

 
Se calcula que la obesidad y el sobrepeso causaron 3,4 millones de muertes en 2010.
Foto: Claudia Rubio / EL TIEMPO
Se calcula que la obesidad y el sobrepeso causaron 3,4 millones de muertes en 2010.
Dormir en una habitación con mucha luz puede incrementar el riesgo de obesidad en las mujeres, un "factor de riesgo" para el cáncer de mama, según un estudio publicado este viernes por el Instituto de Investigación del Cáncer de Londres.
Los científicos analizaron los hábitos de un amplio grupo de mujeres de cuarenta años en adelante para intentar identificar las causas del cáncer de mama. Así, detectaron que 113.000 mujeres que dormían con una alta exposición a la luz sufrieron un aumento de su índice de masa corporal y de su talla de cintura, si bien no pudieron determinar la causa de esta relación.
"La asociación que hemos visto entre la exposición a la luz durante la noche y la obesidad es muy intrigante. No podemos decir todavía cuál es la razón de esta relación, pero los resultados dejan abierta una futura investigación muy interesante", afirmó el investigador Anthony Swedlow.
Según el estudio, el metabolismo está afectado por "ritmos cíclicos del cuerpo" vinculados a los hábitos de dormir, caminar y exponerse a la luz. Por su parte, la doctora Emily McFadden, coautora del estudio, apuntó que la relación entre dormir con mucha luz y ser obeso se apoya en investigaciones anteriores sobre el impacto de la luz en el metabolismo, aunque insistió en que "son necesarios" nuevos estudios.
El trabajo ha sido financiado por la organización británica de lucha contra el cáncer de mama Breakthrough Breast Cancer y se publicó en la revista estadounidense ‘American Journal of Epidemology’. Uno de los investigadores de esa asociación afirmó que "es demasiado pronto para sugerir que dormir en la oscuridad ayuda a prevenir la obesidad, un factor de riesgo para el cáncer de mama, pero la relación es realmente interesante".

La obesidad es común entre hispanos en EE.UU. y grave entre jóvenes

El 18 por ciento de las mujeres y el 12 por ciento de los hombres tenían obesidad preocupante.

 
La obesidad es común entre hispanos en EE.UU.
Foto: Archivo- El Tiempo
La obesidad es común entre hispanos en EE.UU.
Un estudio publicado en la revista Journal of the American Heart Association dice que la obesidad es una epidemia entre los hispanos en EE.UU., particularmente entre los jóvenes, y aumenta los riesgos de enfermedades cardiovasculares.
Los investigadores analizaron la información de salud de 16.344 personas con orígenes hispanos en el Bronx (Nueva York), Chicago (Illinois), Miami (Florida) y San Diego (California), con un promedio de edad de 40 años en los hombres y de 41 en las mujeres.
Los grupos con mayor representación en la muestra fueron los de origen mexicano (alrededor del 37 por ciento), los cubanos (20 por ciento) y los puertorriqueños (16 por ciento).
El estudio encontró que el 18 por ciento de las mujeres y el 12 por ciento de los hombres tenían niveles de obesidad que ameritaban una preocupación especial por los riesgos de salud.
Se considera obesa una persona cuyo índice de masa corporal (IMC), calculado por la relación entre peso y altura, supera la marca de 35. La obesidad más grave, definida como un IMC por encima de 40 para una persona de más de 1,67 metros de altura y un peso por encima de 189 kilogramos, fue más común entre los adultos con edades entre los 25 y los 34 años, afectando a uno de cada veinte hombres y casi una de cada diez mujeres en ese grupo de edad.
Asimismo, más de la mitad de las personas con obesidad grave tenía niveles insuficientes de lipoproteínas de alta densidad, o "colesterol bueno", y un alto grado de inflamación medida por un marcador llamado proteína C-reactiva, según el estudio.
En cuanto a la presión sanguínea, más del 40 por ciento de las personas en este grupo tenían niveles altos y más del 25 por ciento tenía diabetes, añadió la investigación. "Ésta es una carga pesada para gente joven que debería estar en lo mejor de su vida", indicó Kaplan. "Los jóvenes, y especialmente los hombres que son los que mostraron los grados más altos de factores de riesgo para futuras enfermedades cardiovasculares, son precisamente quienes tienden a desatender los controles médicos regulares y los estilos de vida saludables", agregó.
EFE

Estudio asegura que ver programas emocionantes provoca comer más

Programas con mucha acción distraen de lo que uno está comiendo.

Investigadores de la Universidad de Cornell encontraron que ver películas donde hay mucha acción llevaría comer al menos el doble de refrigerios de los que otra persona comería viendo algo menos emocionante.
El estudio publicado en revista JAMA: Internal Medicine fue hecho con 94 estudiantes universitarios a quienes se dio M&Ms, galletas, zanahorias y uvas mientras veían 20 minutos de televisión.
Un tercio de los participantes vieron un segmento de la película de acción "The Island", mientras que otro tercio vio el programa de Charlie Rose, y el último tercio vio el mismo segmento de "The Island" sin sonido.
"Las personas que vieron ‘The Island’ comieron casi el doble de refrigerios, un 98 por ciento más que los que vieron el programa de variedades. Los que vieron 'The Island' sin sonido comieron un 36 por ciento más”, señaló en el comunicado de prensa el coautor del estudio, Brian Wansink, director del Laboratorio de Alimentos y Marcas de la Cornell.
Los participantes que vieron la película de acción también consumieron más calorías: 354 calorías con sonido y 314 calorías sin sonido, que los que vieron al entrevistador Charlie Rose (215 calorías).
"Los programas más estimulantes que tienen un ritmo más rápido, que incluyen más cortes de cámara, de verdad absorben y distraen de lo que uno está comiendo. Esto puede hacer que uno coma más porque está prestando menos atención a la cantidad que se está poniendo en la boca", advirtió Wansink.
La sugerencia entonces es antes de ver una película de acción, preparar unas porciones limitadas de refrigerios en lugar de agarrar una bolsa entera de papas o una caja de galletas, sugirieron los investigadores. O incluso mejor, limítese a refrigerios saludables, como las zanahorias.
"La buena noticia es que las personas que ven películas de acción también comen más alimentos saludables si eso es lo que tienen delante. Eso hay que aprovecharlo", apuntó Wansink.

Niños están sufriendo de anorexia desde los siete años

Niños están sufriendo de anorexia desde los siete años
Por: Tatiana Quinchanegua
Martes, 3 Enero 2012 - 3:34pm

Causas y qué hacer si el trastorno se presenta en un niño.

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Para muchos, pensar que un niño de 7 años desarrolle anorexia sería algo descabellado. Sin embargo, para las doctoras Juanita Gempeler y Maritza Rodríguez, directoras de Equilibrio, programa especializado en el diagnóstico y tratamiento integral de los trastornos de la conducta alimentaria, no lo es tanto, ya que anualmente atienden un promedio de cinco a seis niños de corta edad que acuden a consulta por anorexia.
“Hasta hace algunos años se presentaba a partir de los 12, pero ahora a los 7 años”, dice Gempeler. Esta anorexia se conoce como prepuberal, es decir, antes de la pubertad, y se caracteriza por el rechazo voluntario a alcanzar o a mantener un peso normal acorde a su edad, talla y peso.
Un estudio realizado entre 1997 y el 2007 demostró que de 102 pacientes adultos con anorexia nerviosa, siete reportaron la enfermedad, cinco mujeres y dos hombres, desde los 7 a los 12 años.
Rafael Vásquez, psiquiatra de niños y adolescentes de la Universidad Nacional, asegura que, por ejemplo, en el Hospital de la Misericordia se atiende aproximadamente un niño al mes (no siempre) por esta causa. “La anorexia no es una epidemia como la obesidad o el sedentarismo. Sin embargo, en caso de presentarse, los padres pueden denotarlo en su hijo cuando baja de peso excesivamente, las uñas y la piel pierden calidad y su hijo no come o esconde la comida”.
También pueden percibirlo cuando sus hijos restringen alimentos de manera progresiva y disminuyen las raciones. En algunos casos, el menor se autoinduce el vómito o hace ejercicio de manera excesiva, incluso estando por debajo del peso normal.
“El problema es que en las pacientes prepuberales se retrasa la aparición de la menarquia (primera menstruación). En ambos sexos se afecta severamente el proceso de crecimiento y desarrollo normal. Además, la malnutrición afecta todos los tejidos y órganos, lo que desencadena alteraciones cardiovasculares, deshidratación e hipotermia y se compromete el buen funcionamiento del organismo, entre otros”, afirma Gempeler.
Martha Suescún, directora de la Fundación Libérate, máster en prevención y tratamiento de conductas adictivas de la Universidad de Valencia, afirma que la anorexia infantil suele detectarse en un estado avanzado, cuando el niño ya ha perdido bastante peso. Los padres llevan a sus hijos a consulta pediátrica y de allí los remiten al psicólogo. Al bajo peso es importante asociar cambios en el comportamiento del niño: se aísla, se vuelve agresivo y tiene dificultad para relacionarse.

Causas que explican la anorexia
No existe una sola causa, sino la mezcla de factores:
Biológicos: “No existen estudios que demuestren que un gen predisponga la presencia de anorexia, pero sí la combinación de varios”, afirma Maritza Rodríguez. Es decir, madre e hija podrían desarrollar la patología. Además, para la doctora Nancy Becerra, directora de la Fundación La luz, algunos factores, entre ellos genéticos, se relacionan con el funcionamiento anormal de sustancias cerebrales (serotonina, opioides endógenos) que regulan las conductas de hambre y saciedad, entre otras.
Psicológicas: Son niños obsesivos, que no descansan hasta lograr la meta. Han tenido vivencias traumáticas como abuso físico o sexual durante la infancia o adolescencia temprana; quizás en algún momento sufrieron burlas, críticas o comparaciones descalificadoras acerca de la apariencia corporal. También pueden haber vivido experiencias traumáticas como amenazas, secuestro, atracos u homicidios.
http://www.beliefnet.com/Espanol/Valeria-Levitin-la-mujer-mas-delgada-del-mundo-lucha-contra-la-anorexia.aspx?p=4

Con Julia Schneider, continúa polémica de la anorexia en el modelaje

La joven sueca, de 15 años de edad, ganó el prestigioso concurso de modelos de la agencia Elite.

La polémica de la anorexia en las pasarelas de la moda internacional no cesa. Luego del escándalo que suscito la aparición de la modelo estadounidense Karlie Kloss en la revista 'Vogue Italia', en la que se puede observar la delgadez extrema de la joven. En especial en una foto tomada por Steven Meisel, uno de los grandes de la moda, en la que la modelo, de 19 años de edad, aparece desnuda de la cintura para arriba.
Las fotos generaron el reclamo de cientos de lectoras, quienes las calificaron de una oda a la anorexia. Los editores de la revista defendieron el trabajo y a la modelo al asegurar que se trataba de un cuerpo "musculoso y tonificado".
Unos días después el tema vuelve a estar en la palestra pública, y todo gracias al triunfo, el pasado martes, de Julia Schneider en el concurso de modelos de la agencia Elite, la misma que descubrió a estrellas de la pasarela como Cindy Crawford o Naomi Campbell.
Schneider es una sueca de 15 años de cuerpo esquelético, cuya absoluta delgadez salta inmediatamente a la vista. Y que la agencia Elite escoja a una mujer tan flaca como cuerpo y rostro del año es muy significativo, puesto que es una de las dos grandes empresas de modelos desde las que se marca la tendencia estética que luego llega a las revistas y a los anuncios publicitarios.
El mensaje que se lanza con portadas como la de Karlie Kloss para 'Vogue Italia', o con ganadoras de agencias de modelos como Julia Schneider es contundente. La mujer bella es la escuálida, sin un gramo de carne en el cuerpo. Una exhibición de huesos y piel. Lo malo de todo esto es que las jóvenes se alimentan de toda esta industria y acaban cayendo en la anorexia o la bulimia para llegar a imitar a sus ídolos. 

La guerra diaria de dos hermanos que padecen anorexia y bulimia

Angélica y Daniel Ceballos luchan con la comida. Advierten que estas enfermedades no son un juego.

En una repisa, sobre el comedor, está la foto de Angélica Ceballos cuando su familia le celebró los 15 años. Se ve una joven saludable, de buen semblante, de mejillas redondas, pero no gorda. Su peso: 60 kilos. La Angélica de ahora es realmente muy distinta. Parece otra persona. Pesa 45 kilos y es muy delgada. (Vea la galería de cómo viven los hermanos).
Sin embargo, está en una buena etapa de su tratamiento. En el momento más dramático y peligroso llegó a pesar 28 kilos: la piel le forraba los huesos y sus brazos y piernas parecían chamizos secos.
Hoy, Angélica tiene 20 años y vive en su natal Medellín, una ciudad famosa por la belleza de sus mujeres. Belleza que ella sentía ajena cuando era una adolescente con unos kilos de más. Cinco, calcula. Solo cinco. Así que para encajar en la sociedad -cuenta-, decidió ser delgada al precio que fuera. 
Todo el mundo le gritaba que era una gorda: en la calle, en el colegio, en la televisión y, según relata, en su propio hogar. Duró una semana sin comer y poco a poco se fue volviendo anoréxica. Algunos meses después pasó a la bulimia. Y en ese camino, sin proponérselo, arrastró a su hermano menor, entonces de 13 años, que más que un hermano ha sido su amigo entrañable, cómplice y escudero fiel.
Todo empezó en el 2006. Cuatro años más tarde, los hermanos Ceballos llegaron a la Fundación Gorditos de Corazón, entidad sin ánimo de lucro que ayuda a personas con trastornos en la alimentación.
Su director es Salvador Palacio, un antioqueño que llegó a pesar 180 kilos (hoy pesa 80), y que convirtió su lucha con el sobrepeso en su proyecto de vida. En su fundación ayuda a 70 personas con anorexia y bulimia, a 400 con sobrepeso y a 200 comedores compulsivos.
Salvador se convirtió en el custodio de Angélica y Daniel, hoy de 20 y 18 años. Les han brindado acompañamiento nutricional y psiquiátrico en un tratamiento integral que el sistema de salud al que pertenecen no les ha suministrado.
"Ha sido toda una lucha con este par de muchachos. Han estado hospitalizados varias veces, en crisis terribles. Pero hoy están luchando por salir adelante, pese a la ruleta rusa que es su enfermedad", comenta Salvador. En algunos momentos -añade-, ambos quisieron morir.
Según Rodrigo Moreno, psicólogo de la Fundación Universitaria Luis Amigó, quien conoce su historia clínica, son pacientes con anorexia y bulimia nerviosas que presentan altibajos en su tratamiento.
"Si bien han subido de peso, reconocen que su dificultad no está en el cuerpo ni en su peso, sino en sus propios pensamientos, en la forma de autorrepresentarse y de vincularse con la comida", analiza.
Angélica y Daniel hacen su mayor esfuerzo para recuperarse, aunque su guerra con la comida no da tregua. Ya no quieren morirse, o al menos esquivan esos pensamientos. Tratan de enfocarse en otras cosas, de distraer una mente que los condena a no comer.  Ambos se graduaron de bachilleres el año pasado y Daniel entrará a estudiar contaduría  en la Universidad de Antioquia. Angélica no pasó en la universidad y eso la tiene afectada.
Mientras logra estudiar enfermería, trabaja en la fundación (Gorditos de Corazón) y visita colegios de Medellín contándoles su historia a miles de jovencitas que puedan tener su mismo problema: añorar la delgadez.
Un estudio de la Universidad de Antioquia realizado en el 2006 (el más reciente) con 972 alumnas de cinco colegios, reveló que el 17,7 por ciento padece algún grado de anorexia. Hay más: al 77 por ciento les aterra la idea de ganar peso, el 33 por ciento se siente culpable después de comer y el 16 por ciento cree que la comida controla su vida.
A la enfermedad de estos dos jóvenes se suma la precariedad en la que viven. Su madre es empleada de servicio, mientras su padre se gana la vida como obrero. Así que el problema con los alimentos no es solo no querer (o poder) comerlos: a veces no los hay.
Angélica y Daniel decidieron contar su dramático testimonio como un mensaje de  esperanza para otros jóvenes en su misma situación.  
El comienzo de la pesadilla
Angélica
Yo toda la vida me sentí acomplejada por ser gorda. Mire a esas dos gordas (señala fotos en la pared). ¡Yo era esas gordas! (risas). Ahora las veo y digo: qué gordas más feas. A los 15 años me decían que era muy gorda. Me decían cerda, y sentía que el mundo se me acababa. La verdad, la televisión sí me afectó demasiado. En ella venden el mensaje de que hay que ser flaco. Cuando empezó Sin tetas no hay paraíso (serie de televisión), ¡ay, Dios mío! Allí mostraban que si las muchachas no eran tetonas, si no tenían un cuerpo perfecto, no iban a conseguir plata. ¡Ay, Dios mío!, yo me vi eso y duré una semana llorando. Fue la depresión más grande. Yo estaba pesando 60 kilos y dejé de comer siete días, tomaba solo agua y pensaba que hasta el agua me engordaba. Me llevaron a un hospital mental de Medellín, de locos, donde no entienden a nadie. Yo no estaba loca. Tenía un problema con la comida. Ese hospital me hizo más daño. Me decían que si no comía no me iban a dar visitas. Salí de allá pesando 51 kilos, pero me faltaban tres. Me veía como un marrano. Como mis papás no sabían, me dejaron coger ventaja, aunque no tienen la culpa. Yo estaba cansada, me sentía muy deprimida. Pensaba: cambio mi aspecto y soy feliz, o me muero en el intento. Desde el principio sabía que vivir sin comer iba a ser muy difícil. Uno a veces, al comienzo, lo busca: tan bueno ser anoréxica, no comer y ser flaca. ¡Pero eso es tan estúpido y mentiroso! Es como un drogadicto: uno no se da cuenta de que es adicto hasta que algo malo le pasa.
Enfermó por solidaridad
Daniel
Yo nunca he tenido ese complejo de ser flaco, porque siempre fui flaco. Pero me ponía triste porque Angélica se deprimía cuando le decían gorda. Mis papás se iban y me dejaban con ella, luchando los dos para que ella no vomitara. ¡Era tan traumático! Yo lloraba al lado de ella, al frente del sanitario mientras ella vomitaba. Se iba a comprar laxantes y yo no la dejaba, me le atravesaba en la puerta, pero tenía 13 años.
Yo no podía dejarla sola, me daba pesar, ella vomitando y todos durmiendo. Yo me trasnochaba con ella, le llevaba el balde para que vomitara. Yo tan pequeño y no entendía nada. Yo quería sacarla de esa enfermedad, pero era un niño. Un niño qué iba a poder. Angélica me preparaba la comida, pero yo no comía. ¡Daniel, coma!, me decía. Pero qué pena comer: ella sin comer y yo comiendo. ¿Y entonces qué? Empezaron las cosas en mi mente, me sentía mal; qué va a pensar ella, que soy un comelón. No me gustaba que se oyeran los cubiertos, tenían que llamarme muchas veces para que fuera a la mesa. Tenía que dejar comida en el plato para que ella no pensara que tenía hambre. El problema comenzó cuando comía y quedaba superlleno. ¡Ay, Dios mío! Hasta que Angélica me vio tan mal de estar tan lleno y me dijo: "si quiere vomite". Así empecé yo con la enfermedad.
Y como soy hombre, pues es peor, porque dicen "la anorexia solo les da a las mujeres".
El infierno es la mente
Angélica
Uno al principio no sabe en verdad qué está haciendo, ni por qué lo hace, simplemente lo tiene que hacer. Así como las personas comen, uno siente que no debe comer, y que si come, tiene que vomitarlo todo. Mucha gente piensa que es un capricho, que somos unos estúpidos. Como decía mi papá: "Miren, yo como y no vomito". Hay que ponerse en los zapatos del otro. Uno con estas enfermedades empieza a entender a las personas: a un drogadicto, a un alcohólico...
Es que eso no es lo que uno quiera, la gente juzga. Es fácil juzgar y decir que curarse es cuestión de voluntad. Y bueno, eso es cierto, pero uno necesita mucha ayuda. No es que digan "háganlo" y ya. Uno no puede con la mente y se deja dominar de ella. El infierno de uno es la mente, es un eterno remordimiento. Empieza una depresión tan estúpida que uno no le ve sentido a nada.
Experta en nutrición
Angélica
Puede que sean poquitas calorías, pero uno piensa: qué pereza comerse eso. Nosotros sabemos ya todo de nutrición. Cuántas calorías tiene esto o lo otro. Uno busca una dieta de 500 o 600 calorías, y no pasarse de eso. Ya 600 calorías parecen mucho. Y sé que es una idiotez. Una persona normal se come 2.000 calorías y no se pregunta eso. Yo sumo todo. Uno se come un bombón: 60 calorías. La manzana tiene 120. Ahora medio me acepto. Si estoy así, no me puedo engordar. Si como más calorías, me puedo engordar. Es una lucha por no subir de peso. La anoréxica sabe que está flaca, pero hay algo que le dice que tiene que bajar más. Sabemos que estamos flacas pero nos vemos gordas, nos queremos ver en los huesos, ser un esqueleto.
Ya no quiero bajar ni un gramo, pero a veces siento que amanezco con la cara hinchada, horrible, cuando duermo mucho. Aunque casi no duermo. Me acuesto a las 10 y media de la noche y a las 4 y media me levanto y ya no me acuesto más. Sí quisiera dormir más, pero me levanto, le ayudo a mi mamá a preparar el desayuno y a despachar a mi papá.
El suplicio de tener que comer
Daniel
Mis papás no entienden. Dicen "cómanse la carnita, las lentejas, la mazamorra". Ellos no entienden que no es que no queramos, ¡es que no podemos! Obvio que son deliciosas las lentejas y las cosas que prepara mi mamá, pero si comemos eso es como decir "vomite". Uno siente un desespero cuando sabe que tiene que comer. Yo ya como arroz, al menos un poquito; pero Angélica no. Lo más elaborado es el problema, por eso el almuerzo es lo peor. En la comida o el desayuno uno no piensa qué está comiendo. Uno engaña a la mente. Pero en el almuerzo toca sentarse y comer, y llega la ansiedad y la culpabilidad de pensar que uno puede quedar lleno.
Angélica
Ya uno no puede comer como una persona normal; uno se puede morir, el organismo ya lo rechaza. Toca empezar a comer como un bebé, compotas, fruticas. Yo me tengo que tomar al día un litro y medio de agua. Antes comíamos de todo, éramos normales. ¡Era tan bueno! Uno extraña poder comer chocolates, helados, la comida casera de la mamá. Obvio que uno siente ganas, pero uno no quiere sentirse mal. Nos sentimos mal, mentalmente. Y también nos caería pesado. Y el almuerzo es... No sé qué será hoy... Ni almuerzo tenemos.
Luchando por una nueva vida
Angélica
Últimamente he perdido las esperanzas, no tengo estudio. Yo me siento muy inútil, la verdad. No pasé en la universidad. Toda la vida le he tenido fe a Daniel. Todo lo que él dice para mí está bien, no se lo puedo discutir. Es más inteligente, me siento orgullosa de él. Me llega una depresión y pienso que no sirvo para nada en esta casa, que soy la ruina. 
Daniel
Pero uno vuelve a tener ilusiones. Uno tiene que luchar para controlar la ansiedad cuando empieza a ver la comida. Por eso me gusta estudiar, estar distraído para no pensar en la comida. Uno con una enfermedad como esta tiene que buscar un enfoque para salir adelante, diferente a la comida o a la vagancia; eso solo dará ansiedad. Ahora me enfocaré en el estudio. Lo único que me estresa es cuando en la universidad me empiecen a preguntar qué me pasa.
El otro problema con la comida: cuando no la hay
Daniel
A veces uno prepara su comida, yo ya aprendí a cocinar, a hacer arroz. Como no es gran cosa, yo hago el almuerzo. El almuerzo es arroz, un pedazo de carne. Angélica come menos, no come arroz.
A veces no hay comida y eso también es malo. Usted sabe que nosotros somos pobres. Las comidas que nosotros comemos no es lo mismo. La gente normal se puede comer una arepa con huevo o arroz con huevo. Pero para nosotros, que no comemos esas cosas, es más difícil. Comemos granola, cereales, leche sin grasa y con fibra, y pues a veces no hay plata para comprar eso. Entonces comemos salvado o una manzana. O pues no comemos.
Los consejos
Angélica
Sé que es muy difícil salir adelante, pero no es imposible. Yo lo estoy logrando. Yo trabajo en la fundación (Gorditos de Corazón), me gusta arreglar uñas, decorar, soy muy social y quisiera estudiar enfermería para ayudar a los enfermos.
Espero que todas las personas con esta enfermedad lo intenten. Que no se dejen llevar por lo que ven en la televisión, que lo único que hace es hacerte olvidar quién eres. Busquen algo más allá, un motivo para surgir. No busquen seguir una sociedad que solo nos llena de prejuicios.
Un problema de salud pública
Tanto la anorexia como la bulimia (enfermedades de los hermanos Ceballos) son trastornos mentales que tienen repercusiones en los sistemas digestivo y nervioso. Así lo explica Rodrigo Córdoba, psiquiatra y presidente de la Asociación Colombiana de Sociedades Científicas, al referirse a este trastorno de la alimentación que, según él, se ha convertido en un problema de salud pública en el mundo moderno.
Frente a estos cuadros clínicos -explica Córdoba- se impone una carga biológica donde se entrecruzan los factores de la personalidad y del medio ambiente, generados -como en estos pacientes- por problemas de autoestima relacionados con su apariencia.
"Son personas muy vulnerables frente a la presión social. Las imágenes estereotipadas de los medios influyen mucho para que estos pacientes rechacen su cuerpo y quieran ser diferentes", opina este especialista al aclarar que la recuperación es difícil y no siempre es exitosa ni definitiva. 
Según él, no todos se mejoran. Sin embargo, usualmente, quienes se recuperan lo hacen de manera significativa y pueden lograr una buena calidad de vida.
En otros casos surgen secuelas originadas por la depresión y la ansiedad, y serios problemas de salud: son organismos que no reciben la nutrición que necesitan. Si estos casos no son atendidos de manera oportuna, pueden llegar a ser fatales.
Según Córdoba, el tratamiento no solo incluye medicamentos sino además un juicioso seguimiento psiquiátrico, respaldado por el apoyo afectivo de la familia y los seres queridos.