miércoles, 3 de septiembre de 2014

La delgada línea hacia la muerte

En un bus que iba hacia La Dorada (Caldas) se montó una adolescente que no pasaba de 15, completamente desnutrida. Llevaba una camisa ombliguera y unos yines que ostentaban la marca Anorexy. Se sentía divina, pero su imagen era la de alguien muy desvalido y enfermo. Cuando llegamos al centro de La Dorada, la chiquilla se bajó, se montó unas gafas oscuras y se perdió por alguna calle, con su afectada manera de caminar: calzaba unas sandalias tan altas como coturnos.
Más tarde, cuando salí a caminar por el centro, de pronto estaba en medio de una calle, que bien podría llamarse la calle de la moda porque estaba repleta de almacenes de ropa, sobre todo para mujeres. La mayoría de esos negocios anunciaban sus colecciones con maniquíes, que estaban, unos, dentro de las vitrinas y otros, a la entrada de cada local. Y todos esos maniquíes representaban un ideal de belleza que ustedes sabrán cuál es: el de las mujeres altas, rubias, de ojos azules y, sobre todo, muy delgadas. Frente a esos maniquíes se pararon muchas mujeres, ignoro si a mirar la ropa que lucían o a pensar en cómo conseguir esa figura. Muchas de aquellas mujeres, por obvias razones, eran mestizas nacionales: del color del trigo, de ojos negros, pelo negro; no muy altas y macizas, fuertes. Hermosas, para mi gusto. Más hermosas que ese ideal de belleza de los desabridos maniquíes. Pero muchas de las chiquillas que se acercaron a esos almacenes lucían diferentes: cuando no eran altas, estaban montadas sobre enormes tacones, con el pelo teñido de rubio y muy, pero muy delgadas. Entonces recordé a la quinceañera del bus, con su modelo Anorexy y sentí tristeza.
La anorexia como 'moda' es un fenómeno relativamente reciente en el mundo, me atrevo a decir que comenzó con los años 90, y la padecían, sobre todo, mujeres de estrato alto. Y se combatió por lo alto también: siquiatras costosos, tratamientos costosos, terapias costosas; cosa que está bien: hacer todo lo posible para sacar a una adolescente de ese camino tan triste. Con los años, aquella 'moda' -me atrevo a decirlo, aunque no tenga pruebas- llegó a la clase media: estratos tres y cuatro. Y la clase media también puso todo su empeño y capital en apartar a sus adolescentes de ese lugar tan solitario. Pero la 'moda' continuó su lógico camino hasta llegar a las clases populares. Y ahí no hay cómo combatir el problema. Por la falta de información, sobre todo, y por la falta de recursos económicos también. Digo con razón que en las clases populares no tienen mucha información sobre ese flagelo, cuando recuerdo la marca Anorexy, es decir, la enfermedad no está vista como tal y, peor aún, pareciera un ideal posible de alcanzar en la media en que una niña quepa en un yin marca Anorexy.
Pienso en esa chiquilla del bus y puedo imaginar que sus padres no tienen idea de que su hija padece una terrible enfermedad; y de que en el colegio donde estudia tampoco se han dado cuenta; y pienso también que no será la única que padece esa enfermedad en su círculo de amigos. Es más, creo que es una moda aceptada, una moda mortal, que no tiene detractores. Cabe la posibilidad de que la madre de esa chiquilla se haya dado cuenta del mal, pero no tenga idea de cómo combatirlo; y si tuviera idea no tendría plata; y si consiguiera un dinero, no habría dónde la trataran, ni siquiatras posibles, ni sicólogos.
Todas estas razones deberían ser suficientes para que el Estado comenzara a combatir esa tendencia con toda su capacidad logística, pedagógica y económica.
Porque la tendencia es real y existe en todos los municipios del país. No conozco un solo almacén con maniquíes que representen la belleza real de nuestra gente. Todos pretenden vender un ideal de belleza inexistente en este país, como si ser mestiza y rellenita fuera parte de un problema que tendrías que solucionar.

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